SALAMU

SALAMU

Gracias a los muchos programas de acogida de niños saharauis y a las decenas de familias voluntarias repartidas por todo el país, Salamu pudo venir a Barcelona desde Smara, una ciudad del Sáhara Occidental ocupada por Marruecos y lugar de fundación del Frente Polisario en 1973.

A sus 24 años, Salamu recuerda su primera visita a España, cuando sus padres decidieron mandarlo fuera en verano, lejos del sofocante desierto. Tenía seis años. Siempre con la misma familia, siguió viniendo hasta que al cumplir los doce le denegaron la acogida por haber superado el límite de edad. “Los mayores tenemos que dejar de venir un día para que los más pequeños puedan beneficiarse también”, aclara.

Convencidos de las pocas oportunidades en el Sáhara, sus padres deciden enviarlo a estudiar a Argelia. “Estuve en un pueblo perdido en la montaña donde nevaba siempre y hacía mucho frío. Las condiciones eran bastante duras”, recuerda. Allí, recibe una llamada que cambia su vida. “Mi familia de acogida llamaron a mis padres y les dijeron que la mejor opción era que volviera a Barcelona a estudiar, que ellos me acogerían de forma permanente”.

Ya en Barcelona, Salamu acabó los últimos años de la educación secundaria obligatoria, el Bachillerato y comenzó a estudiar la diplomatura de Prótesis Dental, que ha finalizado este pasado año. “Cuando hacía trabajos en el colegio y posteriormente en la universidad siempre intentaba que fueran relacionados con la problemática del Sáhara. Quiero que la gente se informe porque el tema está casi olvidado”.

En 2014, solicita asilo político en España. “A nosotros no nos lo pueden negar porque todos los países de la Unión Europea conocen nuestra situación”. Recuerda también que durante mucho tiempo el Sáhara fue colonia española. “Nosotros tenemos más derechos que nadie porque nuestros abuelos tenían documentación española”.

Salamu se levanta todos los días con la ilusión de recibir noticias sobre su petición de asilo. Una carta, una llamada. Hace dos años que lo solicitó y aún no sabe nada. Parece que va para largo. Cada semana, se acerca a la oficina de extranjería de Sant Joan intentando conseguir alguna información, sin resultado. “Siempre me dicen lo mismo, que llame a Madrid porque eso se gestiona desde allí pero cada vez que lo hago están comunicando”. Ante la falta de información y de respuestas por parte de la administración, Salamu ha decidido viajar a Madrid en los próximos meses con la esperanza de conocer la situación en la que se encuentra su solicitud de asilo. “Al final tienes que gastar dinero si quieres saber algo. En mi caso es viajando a Madrid. Para mí es claramente una estrategia”, afirma.

Una de las cosas que más preocupa cuando estás lejos de casa es la pérdida de tus orígenes. Para Salamu, este es su último año de universidad y para recoger el título el centro le ha pedido sus datos personales. A pesar de que él desearía que como país de origen apareciera ‘Sáhara Occidental’, el sistema informático de la universidad no lo reconoce. “No quiero que pongan Argelia o Marruecos, yo soy saharaui”. El resto de opciones tampoco le convencen. “Me ofrecen que aparezca ‘Unión Africana’ o directamente, ‘no consta’. La verdad es que después de tantos años estudiando la opción de ‘no consta’ no me gusta nada. Espero que lo podemos solucionar”, admite.

Allá donde va, Salamu habla del Sáhara. Denuncia las graves violaciones de los derechos humanos que sufre el pueblo saharaui diariamente y el aumento de los presos políticos en cárceles marroquíes. Para él, esta situación pone en peligro la permanencia de los acuerdos de paz. “Es duro, pero para los jóvenes de los campamentos la única solución es la guerra, volver a las armas. Saben que no es la solución pero para ellos es mucho mejor morir luchando que seguir en el desierto sin haber hecho nada por tu pueblo”, comenta.

A pesar de eso, Salamu es optimista. Cree que la vía del diálogo sigue estando abierta pero pide a los gobiernos implicados, como el español, que tomen medidas urgentes para encontrar una solución real y eficaz para el conflicto.

Cuando a Salamu se le pregunta sobre su futuro se ve a sí mismo trabajando con una consulta propia en Barcelona. También tiene otras ideas a largo plazo. “Me gustaría tener una laboratorio en el Sáhara y ayudar a la gente de allí”. Sueña con tomar el relevo a su tío, uno de los pocos dentistas que actualmente se encuentran trabajando en los campamentos de Tinduf. “En el Sáhara hay muchos problemas de salud dental. Quiero ir allí para poder transmitirles a los jóvenes todo lo que sé”, concluye.

Fotografía: Ignacio Tudela y Texto: Lara MonrosiLa Tierra sin Tierra