SIFA ADEMOVIĆ SULJIC

SIFA ADEMOVIĆ SULJIC

Entrevista realitzada per alumnes de formació professional del centre educatiu Jesuïtes Sarrià – Sant Ignasi.

Barcelona, octubre 2017

Equip tècnic: Ignasi Navarro, Gerard Bernal, Marc Gaspar, Lídia Castillo i Miguel Fernández

Entrevista / Edició: Xavier Satorra

Més informació: www.invisibles.cat/practiques-professionals

EntrevistaSifa23octWEB


En aquest vídeo la noia que parla és la filla de la Sifa amb qui va fugir de Bòsnia quan tenia 3 anys


Hace más de 20 años que Sifa vive en España. Ha pasado mucho tiempo pero aún se le humedecen los ojos cada vez que recuerda la guerra. Su relato es la historia de una huida, una de las miles que se produjeron durante el conflicto bosnio en la primera década de los noventa.

Nacida en Srebrenica, Sifa decide dejar su pueblo para vivir en Sarajevo, con su marido y su hija de tres meses. El estallido de la guerra sorprende a la familia en la capital, donde viven los primeros bombardeos de un conflicto que durará cuatro largos años. “Al principio no te crees que tu país está en guerra. Desgraciadamente llega un momento en el que te empiezas a encontrar cadáveres por las calles y ves que faltan alimentos y medicinas. Es ahí cuando te das cuenta de golpe”, afirma.

A las pocas semanas de comenzar los bombardeos, toman la decisión de huir de la ciudad y volver al pueblo. Los esfuerzos son en vano. Las líneas están cerradas y no logran salir de la estación. “Dejamos las maletas en una taquilla pensando que podríamos irnos en un par de días. Mis cosas seguirán allí, jamás pude volver a recogerlas” comenta Sifa sonriendo.

Con el tiempo descubrieron la suerte que habían tenido. Si hubieran vuelto a su pueblo, Sifa y su familia podrían haber estado entre las víctimas de la matanza de Srebrenica, una de las mayores tragedias vividas durante la guerra y que supuso el asesinato masivo de cerca de 8000 bosnios musulmanes.

La situación en la capital se complica. El recrudecimiento de la guerra y la falta de alimentos y agua hacen que su hija caiga enferma de tosferina. Debido a los continuos bombardeos, la familia se refugia en el sótano de unos amigos, del que únicamente salen para comprar alimentos y medicinas. “Salimos desesperadamente a buscar antibióticos pero no había nada y era muy peligroso. Un día estuve a punto de morir por el estallido de una granada cuando llegaba a casa”, comenta.

Días más tarde, recogiendo ropa y comida en un colegio cercano, las tropas serbias tiran gases lacrimógenos. Decide no salir de casa nunca más. “Había cortes de agua y de luz y los teléfonos no funcionaban. Perdí todo el contacto con mi familia”.

A las pocas semanas, Sifa se entera de que un grupo de personas se está organizando para salir. Un chófer llevaba meses trabajando transportando a mujeres y niños en autocar más allá de la frontera. “Vinieron a última hora de la tarde y me ofrecieron irme con ellos sin pagarles. Mi marido se quedó. No tuve tiempo de coger nada, me fui con la ropa puesta y una bolsa con una muda limpia para la niña y pañales”. El autobús las deja en Skopje, la capital de Macedonia. Allí vivirán algunos meses entre casas de acogida y el hospital, donde su hija logra recuperarse poco a poco de la enfermedad.

Tras ocho meses viviendo en Macedonia, Sifa solicita asilo en España. Junto a diez personas más, vuela con su hija hasta Vitoria, donde vivirá en pisos de organizaciones benéficas y apartamentos de acogida durante un año. “Compartí el piso con una familia católica y la verdad es que nos llevamos muy bien. Yo soy musulmana pero no hubo ningún problema, aún hoy sigo hablando con ellos por teléfono”. De allí viaja a Breda (Girona) donde se quedará unos meses y finalmente a Sant Celoni, en la provincia de Barcelona, lugar en el que fija su residencia y en el que vive actualmente. Asegura que nunca tuvo problemas con los trámites burocráticos y que la informaron bien en todo momento. “No faltó ni un sólo detalle. Durante meses tuvimos una casa con todo pagado”, recuerda.

La matanza de Srebrenica le sorprende en Sant Celoni, donde vivía desde hacía pocos meses. “Es horrible, no sabes qué pasa con tu familia y lo único que ves son imágenes en la televisión”. Tras varios días desesperada y gracias a la ayuda de unos voluntarios, Sifa consigue noticias. Su madre y sus hermanas (de 17 y 18 años) están vivas en un campo de refugiados próximo. Su padre y sus hermanos (de 22 y 15 años) están desaparecidos. A ninguno de los tres volvieron a verlos con vida.

A pesar de la situación, Sifa no consigue traer a su madre y sus hermanas. No quieren moverse del pueblo hasta saber si pueden conseguir más información del resto de la familia. Su marido, que sigue dentro de las filas del ejército bosnio, se encuentra herido en Sarajevo. “Pagué muchísimo dinero a varias mafias y al final pudimos sacarlo del país”, recuerda.

Un año después de la matanza de Srebenica, los forenses encuentran el cuerpo de su hermano pequeño en una fosa común a cincuenta kilómetros del pueblo. Lo habían atrapado en el bosque junto a otros hombres que huían de la matanza. La administración no se lo comunica a la familia hasta diez años después, cuando comienza la ronda de identificaciones y pueden cotejar el ADN. De su padre sólo logran recuperar tres huesos y media mandíbula. Es lo que han podido enterrar este año en el cementerio. A su hermano mayor nunca lo encontraron.

Para Sifa, Bosnia sólo existe en sus recuerdos. Saca de los armarios fotos antiguas de sus padres y hermanos. Las besa y acaricia esperando que las personas que aparecen puedan sentir aún su calor y cariño. Llora y sonríe al mismo tiempo cuando los recuerda.

Actualmente vive con sus dos hijos en Sant Celoni, donde trabaja de cocinera en un restaurante cercano a su casa. Se emociona al hablar sobre la situación de los miles de refugiados que están cruzando la frontera “Cuando veo lo que está pasando hay algo que me remueve por dentro porque recuerdo lo que yo pasé”, declara. “Me gustaría que los políticos, esos que no hacen absolutamente nada, se imaginen a sus familias así, por un momento. Jamás podrán imaginarse lo que es pasar por una situación así”.

Fotografía: Ignacio Tudela y Texto: Lara MonrosiLa Tierra sin Tierra