Síria

Hijo de palestinos exiliados tras la ocupación de Israel en el año 1948, huye de Siria tras iniciarse la guerra civil entre los rebeldes y la dictadura de Bashar Al Assad. Estudia Traducción e Interpretación de árabe e inglés en Damasco, ciudad en la que conoce a su mujer, Nadia. “Vivía en uno de los países más bonitos y con más cultura de Oriente. Ahora todo ha desaparecido”, comenta.

En junio de 2013, debido a los bombardeos que sufre la capital, deciden salir en dirección a Latakia, ciudad costera al oeste del país y lugar de nacimiento de Mohammad. Desde allí cruzan la frontera hacia el Líbano, donde esperan poder conseguir los visados que les permitirán pasar hacia Turquía. Tras una semana en Beirut consiguen los permisos gubernamentales necesarios para establecerse legalmente en Estambul. Tuvieron suerte. Tan sólo veinte días después, el gobierno turco comenzó a negar el visado a los sirios con ascendencia palestina. Misma guerra, diferentes derechos.

En España, la última reforma de la ley de asilo el año 2009 permitía la posibilidad de pedir asilo directamente desde las embajadas del país de origen o próximos. Esta medida sólo se podía poner en marcha a través del desarrollo de un reglamento, documento que lleva paralizado más de seis años. “La única opción que tenemos ahora los refugiados sirios palestinos es pasar la frontera de Turquía de forma ilegal o arriesgarnos a cruzar el mar”, declara.

En Estambul, y con la ayuda de un amigo, obtienen toda la documentación para solicitar asilo en España y tras cuatro meses de larga espera, viajan por primera vez a Madrid. Tras conseguir las tarjetas de refugiados, son trasladados a Barcelona, donde saltan de piso en piso gubernamental. Ninguno de los dos tiene trabajo. Ahora, viven en casa de un amigo, pero no deshacen las maletas. No saben cuánto tiempo podrán quedarse.

Fotografía: Ignacio Tudela y Texto: Lara MonrosiLa Tierra sin Tierra